
El Hospital Carisma encendió las alarmas tras revelar que la edad promedio de inicio en el consumo de drogas en Antioquia es de 12,5 años, una cifra que está por debajo del promedio nacional y que refleja una problemática cada vez más temprana y compleja.
Preocupa el aumento de casos en niños y madres gestantes
El informe más reciente del principal centro público de atención de adicciones en el departamento advierte no solo sobre adolescentes, sino también sobre niños de 5, 6 y 7 años, e incluso bebés que nacen con síndrome de abstinencia, como consecuencia del consumo de sustancias por parte de sus madres durante el embarazo.
Durante el último año, Carisma atendió en promedio 15 mujeres gestantes con farmacodependencia, muchas de ellas en situación de calle, lo que representa una alerta máxima para la salud pública.
¿Cómo se inicia el consumo en menores?
Según especialistas, el inicio del consumo suele darse en dos escenarios:
Consumo accidental, cuando los niños imitan conductas que ven en casa, como el uso de alcohol u otras sustancias por parte de adultos cercanos.
Consumo inducido, un escenario más grave, relacionado con contextos de violencia, abandono o explotación sexual, donde los menores son obligados a consumir para facilitar abusos.
Auge de sustancias inyectables agrava el panorama
Carisma también alertó sobre el crecimiento del consumo de sustancias inyectables, como cocaína y heroína, especialmente entre personas en situación de calle. Este fenómeno dificulta los procesos de recuperación y aumenta los riesgos de salud, sobre todo en mujeres embarazadas y recién nacidos.
Alcohol y tabaco, la puerta de entrada
Aunque la marihuana sigue siendo la sustancia ilegal más consumida (dejando de lado los productos legales que son los que más alta mantienen la cifra), el alcohol y el tabaco continúan siendo las principales puertas de entrada. En Antioquia, el 41,6 % de la población consumió alcohol el último año, y el 11,9 % tabaco, según datos oficiales.
Un llamado a la prevención y al cuidado
Expertos insisten en fortalecer los programas sociales, la prevención temprana y el acompañamiento familiar, especialmente en comunidades vulnerables. Detectar señales a tiempo, hablar del tema sin estigmas y buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia y proteger la vida de niñas, niños y jóvenes en Antioquia.





