
Durante 25 años, una familia y toda una comunidad del municipio de Turbo vivieron bajo el peso del miedo y el silencio. La violencia del conflicto armado los obligó a sepultar a uno de sus vecinos en una fosa común y a callar, hasta que décadas después decidieron pedir ayuda para recuperar el cuerpo y sanar una herida colectiva.
El crimen que marcó a la comunidad
Los hechos ocurrieron el 6 de enero de 1999 en el territorio del Consejo Comunitario Los Manatíes. Ese día, un campesino fue abordado por hombres armados que, tras interrogarlo, le aseguraron que no tenía problemas. Horas después, cuando salió nuevamente a trabajar la tierra, fue asesinado a pocos metros de su vivienda.
Su hijo de 10 años escuchó los disparos y presenció el momento en que su padre levantó las manos antes de ser asesinado. El menor corrió a pedir ayuda, pero el miedo paralizó a la comunidad.
Una sepultura impuesta por el miedo
Tras el asesinato, los habitantes fueron obligados por el grupo armado a enterrar el cuerpo en una fosa común, sin rituales ni despedida, bajo amenazas. Aunque todos sabían dónde había quedado sepultado, el silencio fue la única forma de sobrevivir durante años.
Romper el silencio después de décadas
Recientemente, la comunidad decidió contactar a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, señalando el sitio donde creían que yacía el cuerpo. En 2025, tras labores forenses en una zona boscosa y de difícil acceso, se logró la recuperación de restos humanos.
Esperan una entrega digna
El cuerpo recuperado se encuentra en Medicina Legal, en proceso de identificación. De confirmarse su identidad, la familia podrá finalmente darle una sepultura digna, cerrando un duelo que permaneció abierto durante 25 años y permitiendo también un proceso de sanación para toda la comunidad.
Según la UBPD, entre 2024 y 2025 se han recuperado 122 cuerpos en el marco del Plan Regional de Búsqueda del Eje Bananero, aunque todavía se busca a más de 3.500 personas desaparecidas en esta zona del país.





