
En un país donde las noticias de violencias y homicidios abundan, Abriaquí es uno de los pocos lugares de Colombia y Antioquia, donde es muy raro que se registre un homicidio. De hecho, el último caso se dio a comienzos del 2017.
Este pueblo con alrededor de 2.000 habitantes, ha forjado una cultura de paz y convivencia que ha contribuido a mantener la calma. Entre todos se conocen y se protegen, al territorio han llegado forasteros con comportamientos extraños, pero han sido reportados a las autoridades por la misma comunidad.
Sus habitantes no temen dejar las puertas de sus casas abiertas, ya sea de día o de noche, pues cuentan con la plena seguridad de que nadie los va a robar.
Abriaquí es un municipio que le apuesta a la oferta turística, donde sus visitantes son cautivados por su cultura, costumbres y sus atractivos lugares, desde lo ambiental hasta lo religioso. El territorio cuenta con ríos propicios para la pesca, zonas arqueológicas y también en parte de su territorio está el Parque Nacional Natural de Las Orquídeas, un espacio que sirve de hábitat de especies de flora y fauna silvestre.
Quienes anteriormente habitaron Abriaquí, fueron los indígenas Catíos, eran personas que en sus peleas utilizaban lanzas, dardos, bastones y flechas. Usaban cabellos largos y solo lo cortaban cuando iban a la guerra.
Las fiestas más tradicionales y representativas del municipio se celebran el 6 de enero y se llaman Fiestas de Reyes Magos y del Retorno, donde hay manifestaciones artísticas, cabalgata, concurso de reinado, juegos deportivos, homenaje al adulto mayor y tablado popular.
Otra celebración que realizan es la del 11 de agosto, la Fiesta de la Antioqueñidad o la Fiesta del Campesino. Allí se comparte con los campesinos de las diferentes veredas y se hacen actividades culturales y concursos.
El municipio tuvo varios nombres, inicialmente se llamó Mallarino, después Palestino y Santa Cruz de Narváez. Según la historia, actualmente se llama Abriaquí debido a que una minera, llamada María Centeno, comandó a un esclavo con las palabras “abrí aquí”, para ocultar el oro que transportaba hacia el Urabá.